Nos lo merecemos. Tips para cuidar a las mujeres que nos cuidan

 

Todos tenemos necesidades, partamos de esa base. Y las necesidades que todos tenemos son importantes; las de las mujeres también. Parece una afirmación evidente, pero si lo fuera de verdad no tendríamos que seguir poniendo el foco en  tantas y tantas mujeres adultas que ya desde hace muchos años creen que sus necesidades van por detrás de las de los demás. Todos conocemos mujeres así: que no piden, que no expresan nada que no sea “agradable”, que cuidan a los demás, que quieren cumplir expectativas ajenas, que acaban viviendo la vida para otros y no para ellas mismas. Mujeres que viven en una especie de ilusión creyendo que sus necesidades estarán cubiertas en las medida en que ellas puedan cubrir las de los demás. Mujeres que están seguras de que si complacen, cuidan o priorizan siempre al resto ellas estarán bien pero que, en la mayoría de los casos, no suele ser así.

Es como si las hubieran enseñado a base de repetición en casa, en el colegio, en las relaciones sociales, en lo que dicen las leyes, que la mejor manera de que las valoren es no dándose demasiada  importancia. “Estás muy fea cuando lloras”, “hay que obedecer para que papá y mamá estén contentos”, “no te enfades que me pongo triste”… mensajes que  han ido moldeando su percepción de ellas mismas y del mundo y que han conseguido que pierdan el canal de comunicación con lo que podría estar diciéndoles su interior: la presión que sienten, la rabia de estar en un segundo plano, los deseos propios, sus límites… ellas mismas se han vuelto su propio punto ciego. Y en esa oscuridad se encuentran solas y muchas veces perdidas.

¿Cómo pueden hacer entonces para empezar a tenerse en cuenta si están en un punto ciego para ellas mismas? ¿Cómo comenzar a dar luz a esa parte que está en la sombra?

Nos lo merecemos. Tips para cuidar a las mujeres que nos cuidan

Este post no va dirigido a ellas, o al menos no solo a ellas, sino a los que estamos alrededor. Quiero poner acento en los demás, en los que estamos cómodos cuando nos cuidan, cuando nos priorizan y cuando tratan de cumplir nuestras expectativas. Nosotros podemos hacer mucho. Aquí van algunas ideas:

1. Haz preguntas de este tipo:

¿Tú qué piensas?¿Cómo lo ves tú?¿A ti que te gustaría? ¿Cómo te sientes con esto? Quizá la mujer que no está acostumbrada a plantearse esta clase de preguntas responda lo que ella cree que esperamos que responda, pero el simple hecho de preguntarle le ayudará a poner foco en su interior y a poder empezar a tenerlo más en cuenta.

2. Fíjate en su lenguaje no verbal:

Podemos darnos cuenta de cuando alguien le molesta o le agobia algo fijándonos en su tono de voz, sus gestos, su postura corporal… Podemos decirle lo que vemos sin juzgarlo y decirle que nos gustaría saber más acerca de ello. De lo que le molesta o le agobia. Quizá sea la primera vez en que alguien muestra un interés genuino por conocer esa parte de ellas.

3. Sé comprensivo:

Si después de hacer los dos puntos anteriores durante un tiempo, algún día se atreve a decirte que no o se enfada contigo, no se lo reproches, valora su sinceridad. Y si te frustra y se lo quieres decir al menos deja bien claro que esa frustración es problema tuyo y que ella no te la tiene por qué quitar.

4. Aprende a negociar:

Llegados a este punto si tú aprendes a ceder, a negociar y a renunciar a lo cómodo de tener a alguien ahí haciéndote la vida más fácil, y ella se empieza a sentir valorada por otras cosas que no sean solo ser “sacrificada” o pensar siempre en los demás, quizá podáis llegar a un equilibrio en el que los dos tendréis el mismo espacio dentro de la relación.

 

Por eso me centro en cómo abordar esto dentro de una relación personal. Las relaciones personales no son teoría, son práctica,  son el contexto en el que podemos llevar esa teoría a la práctica, en el que podemos ayudar a que las mujeres que tenemos alrededor experimenten lo que es ser tenidas en cuenta, valoradas y cuidadas, y así contrarrestar, aunque sea un poquito, años de estar en un segundo plano y contribuir a un mundo algo más justo e igualitario.

Se lo merecen. Nos lo merecemos.

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Fascinada por lo alucinantes que somos los seres humanos decidí estudiar psicología. Actualmente trabajo como psicoterapeuta con niños, adolescentes y adultos e imparto formación donde me necesitan. Impulsada por la convicción de que lo mejor que podemos hacer en la vida es ser nosotros mismos, hace poco me lancé a publicar el cuento “Quiero ser siempre princesa”. Soy Trainer de Focusing por el Instituto Internacional de Focusing y además mamá de Dani, un niño de dos años que aunque no me deja dormir, me vuelve loca. http://www.beatrizcazurro.com

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